Y CASI FELIZ CUMPLE



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¿Qué podía decirle? Todo en esta vida se acaba, yo acepto que hubo buenos momentos, pero nunca pensé que pudiera durar para siempre. La felicidad es como el alcohol, uno cree que sigue contenido en la botella pero se ha volatilizado. Era cuestión de anunciarle que me iría el sábado.
-¿Este sábado?
-Sí. Este sábado cinco.
Luego dijo que aprovecharía el viaje al  súpermercado para comprar algunas cajas. Me pidió las llaves del automóvil y lamenté que ese día tuviera que salir con los amigos y volver en bus.
-No sería aconsejable que te embriagaras, da mala impresión un pasajero en ese estado.
-Da lástima- dijo ella.
Estaba a dos lugares de nosotros en la barra.
-¿Cómo has venido tú, guapa?- le dijo mi amigo a quien ella no conocía.
-Me he traído el auto.
Di un paso atrás para que no pudiera verme, y me coloqué la capucha de la sudadera.
-Entonces no creo que sea buena idea que manejes de vuelta.
Volvió la cara y le miró maliciosa, tenía los ojos enrojecidos, pero no se le había corrido el maquillaje.
-¿Te da miedo que pueda estrellarme?
-Creo que es a ti a quien debería darle miedo.
-Me tiene sin cuidado.
-Anda, una chica guapa como tú no debería ser tan pesimista. Alégrate, te invito otro trago.
- Que sea otro ron solo.
-Pocas mujeres que conozco toman ron solo, es más, casi ninguno de mis amigos toma ron solo.
-Ya. Me lo dicen muy seguido.
-¿Estás triste?
-¿Te parezco una pobrecita mujer triste?
-Me pareces más bien una vamp. ¿Hay algo que yo pueda hacer por ti?
Se le vantó y le dijo al oído:
-Sácame de aquí, me estoy axfisiando.
Luego hizo señas de que iría al baño y le gritó al camarero de que en seguida pagaría la cuenta.
-¿Ha bebido mucho esta noche?- le pregunté rápidamente.
-Casi he perdido la cuenta. Se ha sentado hace una hora, y se ha terminado los tragos al hilo, hace unos minutos se quedó sin tábaco, pero que también ha fumado bastante.
-¡Tránquilo! A esta tía la he visto yo primero. Se le nota a leguas que necesita echar un polvo más que acabarse toda la garrafa de alcohol.
-Déjame decirte que por un momento creí que tu exacerbada preocupación por la conducción responsable había instado a tu espíritu samaritano a realizar su buena acción del día?
-Vaya, vaya. Creo que haces bien en separarte de la intelectualoide con la que has vivido, escúchate, pareces enciclopedia, que aquí mi amigo Cantinero y yo no te hemos entendido.
-Imbécil.
-Calla. Se acerca la chavala. Te miro luego, quizá el lunes, ¿te parece?
-¿Qué fecha es lunes?
-Siete de noviembre.
Ella dejo caer su bolso e intentó levantarlo con torpeza.
-Perdón, se me ha enredado la cadena.
Mi amigo la tomó del brazo y la sacó de ahí. Antes le detuve para decirle muy quedo:
-Será mejor que tú manejes. Apenas has bebido unas copas, pero ella, pobre.
-Tranquilo. Estoy es guay, no hay de que espantarse.
Me dejé caer en el banquillo que anteriormente ocupara ella, y los vi alejarse hasta salir del bar. Luego le pedí al cantinera que me sirviera una cerveza oscura de tarro, le di unos tragos y me supo mal.
-¡Hey, amigo! ¿Qué te pasa? ¿Te ha minado que tu compa haya liado y tú no? No te desanimes, la noche apenas empieza, no pasan de las nueve, verás como pronto una muñequita deja que tú también le invites un trago.
-Me tiene sin cuidado.
-¿Es guapa?
-¿Quién?
-Si liar te tiene sin cuidado, seguramente es por una chica que consideras guapa. Lo menos.
-Sí, sí es guapa. Más que guapa, sabes. Es bonita. Y creo que la he perdido.
-No te atormentes. Si sabe apreciar lo que la quieres te valorará.
-Ese no es el problema, sabes. Ella también me quiere. O tal vez deba decir, ella sí me quiere. Tanto.
-Vaya, creo que entiendo.
-No sabes cuantas mañanas la he despertado diciéndole te quiero. Cuantas canciones le he escrito para remarcárselo, cuantas veces he accedido a sus locuras, a cuantos amigos se las he presentado, la cantidad de lecturas que he hecho, la cantidad de charlas que he escuchado... he hecho todo al alcance de mi mano.
-¿Entonces? No veo el problema, hombre.
-Hasta apenas sé que la he querido.
-¡Vaya, eso sí que es todo un lío!
-Soy un imbécil.
-Bueno, bueno. Si ahora estás seguro de que la quieres, y ella, dices tú, te quiere también, no veo el problema.
Pero no le respondí. Estuve un rato pasando el mal trago de la cerveza que no me estaba, hasta que le ordené:
-Querido Cantinero, sírvame usted ron solo.
-¿De cuál prefieres?
-Sírveme del mismo que le has dado a la chica que se ha ido del brazo de mi amigo.
-Cuando llegó me pidió un vaso de agua. ¿Te has creído? "Un vaso de agua simple", dijo. Y yo le insistí, "chica, como agua simple, vamos aquí hay un montón de cosas para curar la pena y darle al cuerpo un poco de alegría". ¿Y sabes tú lo que ha contestado? "En el mundo no hay suficiente ron para embriagar a mi tristeza". Y ha bebido un trago tras otro sin parar, me mira y dice, "pero al menos puedo intentarlo". Y ha terminado emparejada con tu compa, mira que al menos esta noche esa tristeza si no se le emborracha, por lo menos un buen rato se le olvida.
-Intentaré yo también.
Y estuve así toda la noche, contemplando el fondo del vaso a través del ron, pensando sin pensar, oliendo los perfumes de las mujeres que se acercaban a la barra, sin ánimo de encender un pitillo siquiera. Cantinero me ha dicho alrededor de dos y media que haría corte de caja, he pedido el último ron, he estado hasta que las parejas fueron desapareciendo, he tomado finalmente un taxi, le he preguntado si podía fumar, ha dicho, "está bien", le he dejado una buena propina, he subido evitando el ascensor, me he derrumbado en el sofá sin encender la luz con miedo de encontrar su ropa tirada en el cuarto, su cuerpo entrelazado al de mi amigo el samaritano, que escandalizado por mi crueldad se ha ofrecido a realizar con ella su buena acción del día.
Me ha despertado a las nueve de la mañana.
-¿Estás bien? Te has quedado dormido en la sala. He traído las cajas. Me parece que sería mejor que yo empacara los libros y las revistas y tú te ocupes de todo lo demás. Luego veremos qué hacer con los discos y las películas, y las pinturas.
Parpadeé y no dije nada.
-¿Quieres que te ayude? Estaré en el estudio, entonces.
Meterlo todo en cajas fue más fácil que guardar las cosas, realmente. ¿Hace cuánto de que nos escápamos a California? ¿Cuánto tiempo estuvo sola en Nueva York? ¿Hace cuánto que dejamos Chicago? No debimos haber venido aquí.
-No debimos haber vuelto.
-¿Qué?
-A la tienda, no debimos haber vuelto, al final teminamos comprando los cuadros por complacer al anciano, más que por darnos gusto.
-Será mejor que tú te quedes con la réplica. Yo... no la quiero.
Salió de la habitación.
Por la tarde mi compa estuvo al teléfono un rato.
-¿Y?
-Y...¿qué?
-La chica, la guapa, ¿qué pasó?
-¡Vaya, vaya! Sólo diré que si te lo cuento ha pasado algo que no creerías.
El desgraciado desvió la conversación y no pude traerla a cuento otra vez.
Colgué con mil agujas clanvándose incensantes en la boca de mi estómago.
Cerca de las siete cuarenta y cinco llegó el taxi, móchila al hombro, maleta en mano, esperé a que saliera del estudio. Miré todos los libros envueltos en papel china, metidos en las cajas sin cerrar.
-Pues, ¡vaya! Ha llegado pronto el servicio. Será mejor que salga ya, no me gusta que...
-Haga sonar el claxon.
¿Qué más sabrá de mí que yo mismo desconozca? ¿Qué ya nunca sabré de ella?
-Aquí dejo las llaves. Mañana algún amigo vendrá porlas cajas, respecto al cuadro, creo que tienes razón, debo quédarmelo. En cuanto a los libros yo no los quiero. Puedes quedártelos y releerlos. Creo que te sirven más a ti, después de todo. Espero terminar con la mudanza pronto.Si me escribes creéme que me daré tiempo para contestarte. No te olvides de la cita para el miércoles, hay que sacar la basura el sábado, llamar para cancelar el teléfono...
Mientras balbucía un sí tras otro sonó el claxon.
-¡El taxi!¡Anda!
Desde la puerta.
-Estáremos en contacto. Y feliz casi cumple.
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