- Parece que ahora ya no tengo tanto tiempo como quisiera para escribirte.
- No te preocupes. Entiendo que tengas cosas más importantes.
-No son más importantes, ni siquiera son más urgentes...
- ¿Pero?
- Son cosas que hace la gente normal, la gente que quiere crecer, la gente madura.
- Entiendo, créeme.
- Tal vez sea por eso que últimamente cuando me despierto ya no quiero levantarme: quisiera dormir y dormir todo el día, quisiera soñar semanas enteras , y luego quisiera que algunos sueños se hicieran realidad.
- Yo prefiero soñar despierto. Tienes el control.
- Estoy harta de tener el control. La gente siempre está esperando que llegues temprano, que contestes todas las preguntas en el examen, que sepas bailar todos los géneros, que no llores en público, que mastiques con la boca cerrada, que no hagas comentarios ni de política,o religión, que no tengas sexo en la primera cita...
(risas)
- ¿Otra vez estás triste? ¿Sigues sin escribir?
- No. Ya no estoy triste, y he comenzado a escribir. Es poco, solo he hecho anotaciones sobre cosas que he leído, y algunos poemas. Pero he pensado mucho en ti.
- ¿De qué son los poemas?
- Sobre cosas... no sé... sobre cosas que pasan alrededor, sobre cosas que me pasan a mí. Sabes, acabo de cumplir cuatro años viviendo en esta ciudad, y ya casi no recuerdo las primeras historias que se me ocurrieron aquí. Recuerdo cuando llegué a vivir a esta casa, era de noche, tenía frío y estaba cansada. Y cada noche es casi lo mismo: hace frío y tengo tantas ganas de irme a dormir, pero siempre hay cosas por hacer.
- Tal vez deberías deshacerte de todas ellas, dejar de pensar.
- No sé cómo dejar de pensar...
(silencio breve)
- Bien. No. No quiero que dejes de pensar, me gusta cómo piensas y lo que piensas. Tal vez deberías dejar de pensar en hacer más cosas por el momento, y terminar las cosas pendientes que pensaste hace años.
- ¿Crees que eso algún día suceda?
- No, no lo creo. Pero me gustaría que pasaras una semana intentándolo. Tal vez con una semana de no pensar en cosas consigas descansar un poco.
- Cuando no hablo contigo me parece que todo lo que tengo que hacer es doblemente complicado, y cuando hablo contigo siento que es doblemente fácil hacer cualquier cosa...
(silencio medio)
- Cuando yo hablo contigo puedo pensar, y cuando paso semanas sin hablar contigo, cuando no estoy hablando contigo no estoy pensando.
- ¿Entonces?
- Solo hago las cosas creyendo que son lo mejor, no. Hago lo que los demás creen que sería mejor, lo que mamá o papá, o cualquiera menos idiota haría. Nunca hago lo que yo haría, nunca me detengo y pienso, ¿qué es lo que yo haría? Nunca.
- ¿Y por qué no lo intentas?
- ¿Por qué no sé como preguntármelo? Cuando hablo contigo es como hacerme muchas preguntas, una por una, hasta llegar a la más importante, como si tuviera un problema más grande que el resto por semana, el problema de la semana. Y ese puto problema es el encargado de ocasionar los otros problemas, pequeños pero odiosos. Yo paso toda la semana pensando en esos problemitas como los culpables de todo, y es hasta que hablo contigo que pienso de verdad, y puedo darme cuenta de cual es el verdadero problema. Eres como otra voz en mi cabeza, cuando no la escucho no estoy pensando en realidad.
(silencio)
- Bien. Creo que no deberíamos dejar de hablar nunca, aun cuando no podamos hablar. ¿No crees?
-Sí, aun cuando no escribas...
- Tal vez no siempre escriba, pero siempre estoy pensando en las próximas historias que te contaré, siempre que viajo en autobús comienzo otra, y otra, y las frases iniciales me parecen muy buenas, es una lástima que casi nunca logre recordarlas.
- Y yo siempre espero tus textos, espero y espero, para ver qué de nuevo hay, quiero saberlo todo, pero luego pasas mucho tiempo sin escribir, y me aburro, y hago estupideces... ¡hey! ¿te das cuenta? Es por tu culpa que me meto en problemas.
(risas)
- Podrías intentar escribirme todo lo que quieres que hablemos, como una carta, luego enviármela. Yo la leeré.
- Eso no sirve.
- ¿Por qué?
- Recuerda que tú eres quien hace las preguntas. Cuando quiera escribirte una carta no voy a poder, voy a pensar que te quiero decir, y luego no voy a poder ir averiguándolo, no sabré que quiero, nunca sabré que quiero...
(gritos y risas nerviosas)
- Tal vez sea un secreto para tu felicidad: nunca sabrás que quieres, nunca sabrás cómo preguntártelo, y un día de repente sucederá.
(silencio)
- No lo creo.
- ¿Por qué no?
- Creo que no te entendí.
- Tú esperas respuestas a preguntas formuladas de manera lógica, y la vida no sucede así. Las mayores alegrías provienen de situaciones absurdas, no podemos explicarlas, no queremos saber cómo ni porqué, como con los trucos de magia, si sabes cómo funciona cuando lo ves no hay nada especial en ello. Tal vez cuando te estoy preguntando y ayudando a contestarte cosas la verdad solo estoy rodeando la situación, recordando contigo, diciéndote cosas que ya sabes, pero que te has negado admitir, por alguna razón. La belleza es así, no podemos atraparlas, siempre estamos en el umbral, y cuando estamos adentro no estamos conscientes, el cerebro se apaga: no estamos pensando. Creo que en el fondo siempre sabes cual es el problema, solo quieres que te secunde en tus locuras para dar marcha al plan, y tener a quien culpar por si algo sale mal...
(risas y silencio, demasiado silencio)
- ¿Tú crees?
El rey pálido, de David Foster Wallace (IV)
Hace 33 minutos


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