-¿Estás?
-Hola.
-¿Cómo has estado?
-Bien. Et toi?
-¿Qué es et toi?
-"¿Y tú?", en francés.
-¿Qué haces? ¿Estás ocupada?
-Estaba haciendo de comer. Y ordenando la cocina.
-Haciendo de comer, ¿apenas?
-Es la desidia: no me dan ganas de cocinar, no me dan ganas de comer, no me dan ganas de ir a dormir, no me dan ganas de nada.
-¿Y eso?
-No lo sé. Cada día me estoy volviendo más convencional. Me preocupan las arrugas, el cutis, que esté subiendo de peso, los zapatos de tacón alto. Muy pronto dejaré de escribir...
-¿Y quieres ser así?
-No lo sé. Casi todas mis amigas son así y me parecen más felices.
-¿Más felices qué quién?
-¿Nunca has tenido la puta impresión de que toda la gente es más feliz que tú?
-Sí, algunas veces.
-Déjalo. No quiero hablar de eso.
-¿Por?
-No quiero hablar de nada que nos ponga tristes.
-(Sonrisa) Está bien. Cómo tú quieras.
-(Sonrisa)
-¿Qué más has hecho?
-Terminar con la tesis.
-¡Por fin! Eso me parece genial.
-En realidad no la he acabado, sólo terminé de cursarla. Tendré que seguir trabajando en ella durante los próximos seis meses.
-(Cara triste) Échale ganas.
-¿Lo ves? Desde que te conozco no puedo quitarme la maña de quejarme contigo. Algún día tendrás que perdonármelo.
-No te preocupes. No me molesta.
(Un silencio largo. Tenso.)
-¿Entonces ya no has escrito nada, de verdad?
-Nada.
(Otro silencio. Corto. Pero más tenso.)
-He estado corrigiendo algunos poemas, sabes. Cosas que escribí hace muchos años.
-Yo también estoy retomando cosas del pasado. Haces bien.
-Son poemas que cuando los escribí no sabía de lo que estaba hablando, pero casi todos eran premonitorios. Escribí frases muy solemnes porque me pareció que la vida era así, aunque no debiera. Pero eran cosas que nunca me habían sucedido.
-¿Y qué pasó?
-Creo que fueron preguntas adelantadas. En algún lugar leí que la ausencia se paga por anticipado.
-¿Por? No te entendí?
-No sé como explicarlo. Pero es como si conocieras una persona, de la que tienes la extraña idea de que la perderás, irremediablemente, y que no podrás hacer nada. Luego esa persona te olvidará. No te llamará nunca, no te buscará nunca, y te quedarás muy triste.
-Eso es triste.
-Sí, pero tienes la extraña sensación de todo eso antes de verdaderamente conocer a esa persona.
-¡Oh! Entiendo.
-¿Te ha pasado?
-Creo que sí.
-Pues luego, imagínate que aun así te das la oportunidad de conocerla, de tratarla, tomas ese riesgo. Esa persona se vuelve muy especial para ti, la quieres. Y luego sucede todo lo que temías: te deja, te olvida. Nunca llama.
-Sí, sí es muy triste.
-¿Con quién te pasó?
-No lo sé. Creo que con todos me sucede algo así. Creo que de tanto temer la ausencia no he querido conocer a nadie.
-Es feo. Deberías intentarlo.
-Lo intento, pero siempre me quedo a un paso de comenzar.
-Supongo que todos tenemos miedo alguna vez.
-Supongo que yo tengo miedo siempre.
-Ya lo superarás. Encontrarás a alguien.
-(Sonrisa)
-Quisiera acabar pronto de escribir el libro. Es una especie de lastre. Como una carga que ya no tienes sobre los hombros, pero que te empeñas en seguir sintiendo. Déjalo,cosas mías.
-Sí me ha pasado...
-Qué mal.
-Cuando tengas el libro pásamelo. Me gusta leerte.
-Cuando tenga el libro te lo dedicaré, ya lo verás.
-(Sonrisa.)
(Silencio largo. Menos tensional. Menos tensional. Silencio eterno.)
El rey pálido, de David Foster Wallace (IV)
Hace 6 minutos


1 comentarios:
Me gustó mucho, muy real y consciente.
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