domingo 8 de noviembre de 2009

Un año más

No quiero crecer, volverme sensata, decir, hay que ir por los niños a la una, estar en casa a las tres para comer, tener la ropa lista, preparar la clase del día siguiente, leer más, más rápido, terminar de aprender francés, ah, no, italiano, llevar a la tintorería los sacos del señor, y al perro seguir dándole la medicina que recomendó el veterinario, mandarle flores a las personas que cumplen años este mes...

No quiero salir de casa, porque hay reunión laboral, y alguien espera a que encueste, cotice, pregunté, entrevisté, cité, sonría, converse, me da miedo la gente, es mala, mala, me da miedo la gente, es mala, muy mala, pero habrá que llegar temprano, ser puntual, no usar maquillaje, ni tacones ni zapatos abiertos, no decir cosas de más, no intimar, no hablar sobre que hago poesía porque a Claudia le gustaba Neruda, y me dijo, mira , toma, Pablo Neruda, y yo quería ser aquella que reescribiera Se pueden escribir los versos más tristes está noche, pero con otras palabras, poner a otros a decir, a declamar, a murmurar, a gemir, a llorar mis palabras, y la poética, claro, pero eso llegó después.

No quiero crecer, estar aquí, en la oficina, porque el reporte se entrega mañana, o la redacción está mal, tremendamente mal, qué porquería, pero así es esto, el señor secretario es primo del gerente, que es compadre del rector, y tú sabes, así es esto, pero ya ves, mira el lado bueno, así hemos tenido que llamarte, y es un buen puesto, y tú tan inteligente, tan buena persona, comprenderás, sabrás, ya sabes, ya no tienes veintiuno, atrás muy atrás quedó tu casa, y bueno, los consejos, los principios, la buena educación, digo, tampoco es que no sea cuestión de ética...

No quiero fingir, mírenme, sí sonrío, pero sí ya viste que sí, que me río, y me baño, y me perfumo, y ahí va el delineador sobre el lagrimal, y la máscarita en la pestaña y sombras oculares, y zapatos de tacón de temporada, y digo, qué bonito, qué padre, que maravilloso, entonces, porqué porqué quejarse, desmentirme, abofetearme, reclamarme, exigirme que sea plena, y a ellos qué les importa si me he puesto condescendiente.

No quiero tener que llamarle a alguien más para casualmente preguntar por ti, si estás bien, cómo has estado, y deshacerme, y llorar y relamer el vacío, quiero que vengas y digas éste soy yo, y voy a volver o no, pero serán éstas mis primeras palabras o las últimas, y no habrá porqué escribir más poesía o porque dejar de escribirla, porqué sufrir o porqué no seguir sufriendo, porqué ser feliz o porqué dejar de serlo...

No quiero tener que cumplir un año más deseando verte.

2 comentarios:

pata de perro dijo...

Y qué vengan más años, pero con él, con que diga ya no o bueno sí.

Más años y algunos tragos, platicas que no hemos tenido y que ni nos imaginamos, más años y borracheras, libros, ayudas, consejos, risas, más años y más convivencia.

Largas amistades.

Felicidades otra vez.

María Elena Flores Félix dijo...

muchas gracias mi Magaza. :-)